La leyenda Brecha de Rolando.
Os
relato la leyenda de la Brecha de Rolando, donde la visitaremos en la actividad
de trekking Alto de Los Perdidos.
Cuenta
la leyenda que el famoso Roland, llamado así porque al nacer, cayó rodando al
suelo (rouland), era hijo de la princesa Berta, hermana de Carlomagno y del
duque de Angers.
Con
su tío Carlomagno, marchó un día al histórico combate que había de dar lugar
a la derrota de Roncesvalles, en la que el emperador, viendo próxima la derrota
y su ejército desvencijado, huyó por los montes. Roland, como un cadáver más,
quedó allí, abandonado y herido, sepultado por el cuerpo inerte de su caballo.
Cuando
volvió en sí, y comprendió su precaria situación, se levantó con un
sobrehumano esfuerzo apartando a su montura con ayuda de su poderosa espada
Durandarte, y apoyándose sobre una roca.
Con
su tío Carlomagno, marchó un día al histórico combate que había de dar lugar
a la derrota de Roncesvalles, en la que el emperador, viendo próxima la derrota
y su ejército desvencijado, huyó por los montes. Roland, como un cadáver más,
quedó allí, abandonado y herido, sepultado por el cuerpo inerte de su caballo.
Cuando
volvió en sí, y comprendió su precaria situación, se levantó con un
sobrehumano esfuerzo apartando a su montura con ayuda de su poderosa espada
Durandarte, y apoyándose sobre una roca.
Roland
contempló unos momentos el terrible panorama y trató de orientarse para buscar
el camino a Francia; pero tuvo que hacerlo con cautela, porque el enemigo
estaba al acecho. Después de dos días y dos noches, de grandes penalidades,
trepando y escondiéndose entre los riscos, Roland consiguió llegar hasta el
valle de Ordesa.
El
enemigo estaba cerca; ya podía escuchar el rumor de las tropas que lo perseguían,
y notar el aliento de los perros que olfateaban su rastro. No obstante, al ver
que la noche se acercaba, hizo un esfuerzo más y logró llegar ante el último
repecho de la montaña.
Cuando
ya estaba a punto de lograrlo apareció la jauría de perros que le había
estado rastreando. Con su espada Durandarte logró darles muerte sin problemas,
pero sus fuerzas se debilitaron aún más. Miró hacia abajo y vio las tropas que
con paso rápido ya lo habían localizado y se dirigían a por él.
Comprendió
que no podría hacer frente a la tropa que le perseguía y realizando un último
alarde, lanzó su espada Durandarte al otro lado de la montaña, para hacer
llegar un último saludo de su patria; pero no lo logró y la espada resbaló por
la ladera de nuevo hasta sus manos.
Hasta
tres veces lo intentó, pero con el mismo resultado. Sabiéndose muerto, con un
esfuerzo sobrehumano, Roland lanzó su espada por última vez, con tal violencia
que la espada golpeó la montaña y la partió, dejando una brecha abierta. Así
Roland pudo ver por última vez su país.
Roland
vivió su infancia en parajes de Italia y Francia, en contacto con la
Naturaleza. Pasados los años, se convirtió en uno de los más famosos caballeros
de la época, por su destreza, su porte arrogante y su extraordinaria bravura.
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