La Montaña y el Ser humano.

¿Qué atracción misteriosa nos ejerce ese medio inhóspito que es la montaña? Somos un animal que necesita explorar, necesita descubrir, y descubrirse a sí mismo.
¿Acaso hay un terreno mejor para hacerlo que en esas moles rocosas? Lo desconozco. Pero es en ese reducto de tierra salvaje ,ajeno a la codicia humana, donde conectamos con nuestro lado primitivo más noble, donde todo ser es libre y la única ley que impera es la que impone la naturaleza.
Son momentos de una pureza inigualable, donde se puede admirar la grandiosidad natural, y sentirse parte de ella. ( Texto extraído de Iñaki Larrea )
Las montañas son sin duda, el mayor monumento de la Tierra. Desde el origen de la humanidad las montañas han simbolizado la proximidad del mundo de los hombres con el mundo espiritual. Un punto de encuentro entre el cielo, la tierra y la madre Gaia.
La cima de la montaña simboliza las cualidades espirituales del alma, así como el destino del hombre. Una vez unidos su propio cielo y su tierra. Esta es la meta de la evolución humana, una vez el hombre llega a la cima de su desarrollo.
Entre montañas es donde el hombre vive las experiencias más profundas y fructíferas de su existencia. Espiritualidad, reflexión y pureza forjan al hombre que las transita, descubriendo entre ellas, los parajes más impresionantes de la Tierra. Una disciplina física pero especialmente espiritual donde el alma se transforma el sacrificio en pasión, sueños y libertad. El hombre recurre a esta experiencia con la finalidad de alimentarse de una nueva visión de la vida y el mundo.
Ese proceso de transformación del alma, es el que une al hombre y a la montaña. Un sentimiento que es imposible reflejar con palabras pero que se deja entrever y sentir en pequeñas reflexiones y pensamientos de montaña. ( Texto extraído de Silvan Montain)

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